viernes, 23 de diciembre de 2011

INTERRUMPIENDO EL CAMINO

La presencia perpetua de lo abajo
Y los remolinos destrozados a jirones
Que sacuden, que arrebatan a destajo
Que son miles, los febriles, los camiones.

La presencia persistente de lo poco
Emanando del asfalto y de lo asalto
Las maromas de los saltimbanquis locos
Peripecias, malabares, todo un salto.

La presencia insistente de lo llano
Que son brotes, que es un dios ramificado
En el fondo, de lo hondo, de lo humano
Donde existe, donde vive el develado.

La presencia consecuente de lo liso
Bajo el tiempo, en las crestas de los aludes
La existencia de lo fiel, de lo mestizo
Son la base y la razón de multitudes.

La presencia irreverente de lo craso
Mutilado y perseguido por lo diestro
Apretadas las ollas y los abrazos
Bifurcados como un ángel ambidiestro.

La presencia tan presente de lo escaso
Que pervive entre los puños y las voces
La peonada refugiada en el retraso
Que se ríe de las águilas feroces.

La coherencia de lo bárbaro perdura
Permanente y estridente en la llanura
Como genes y raigambres y linajes
Son el negro, el “cabecita” y el gauchaje.
La presencia inevitable, la barbarie
Que se muestra, que demuestra, que nos vuelve
Que son manos, son espejos, son pasados
Y presentes, inminentes…
Que son gente, finalmente...
Interrumpiendo el camino... para recordarnos, que son gente.


Martín Moreno

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